Creedence Clearwater Revival – Willy and the Poor Boys

Impregnado de un fuerte sentimiento antibelicista, presentaban en 1969 los legendarios Creedence Clearwater Revival esta histórica obra, a la que bautizaron como “Willy and the Poor Boys”. Un glorioso álbum, que podemos considerar como la crónica de una época, en la que factores como las multitudinarias protestas contra la guerra del Vietnam, o la división social, formaban parte de la realidad cotidiana, teniendo un profundo efecto sobre la nación norteamericana.

Y aquellos chicos desaliñados, originarios de El Cerrito en California, desataron toda su ira, realizando uno de los mayores alegatos en oposición a la guerra del Vietnam que ha visto nacer la historia musical contemporánea… le llamaron “Fortunate Son”. Un tema único, canción universal e inalterable al paso del tiempo. Clásico entre clásicos que se alzó rápidamente como el himno más representativo de toda una década. En cuanto llegue a tus oídos, te invadirá una potente sensación de rechazo hacia los conflictos bélicos, la temática principal que rodea a este disco, cortesía de la Creedence Clearwater Revival.

Sus incisivas letras,  nos hablan de las injustas diferencias entre clases sociales y lo que supone ser un “hijo afortunado”, como puede ser el hijo de un senador o de un padre adinerado y la gran influencia que estos podían ejercer, en torno al reclutamiento militar. Aquellos que tenían un estatus social más bajo, se encontraban combatiendo en el Vietnam… y era algo que a los políticos  no le importaba ni lo más mínimo.

Al margen de esto, “Fortunate Son”, se ha utilizado en numerosas de series de televisión, videojuegos, BSO y películas como la ganadora de seis premios Oscar  “Forrest Gump”, protagonizada por Tom Hanks.

Sin dudarlo ni un momento, haremos una mención especial, a los inolvidables integrantes que constituían la Creedence Clearwater Revival: su carismático líder John Fogerty a la guitarra y voz,  su hermano Tom Fogerty a la guitarra, Stu Cook al bajo y Doug Clifford (batería).

Centrándonos en el álbum, “Willy and the Poor Boys” fue publicado en 1969 por el sello discográfico Fantasy Records, consta de diez pistas y destacar que ocho de ellas son compuestas por John Fogerty.

Abren la cara A con un pegadizo y alegre “Down On The Corner”, otro de sus grandes éxitos. Un rock clásico y divertido tendrá lugar con “It came out of the sky”. Y llegará la excelente versión del “Cotton Fields”, perteneciente al bluesman Leadbelly, continuando con el ritmo armónico de “PoorBoy Shuffle” y cerrando con el blues de “Feelin’ Blue” en el que Fogerty nos regala unos magníficos “solos” y hace gala de un virtuosismo incontestable.

Inician la cara B con ese punto álgido y agresivo que es “Fortunate Son” y al que ya hicimos referencia. No pasará desapercibido, el cierto “aire country”  que imprimen a “Don’t Look Now”, siguiendo con el tradicional folk estadounidense de “The Midnight Special”, un tema que desde nuestra humilde opinión, capta a la perfección la esencia musical de la CCR. Un espléndido instrumental “Side O’ the Road”, poseedor de unos solos de guitarra realmente fantásticos. Y que mejor manera de finalizar que con esa antológica pieza épica que es “Effigy”.

Y así concluye esta joya de incalculable valor, que tuvo como protagonistas a los genuinos Creedence Clearwater Revival, que vivieron una corta, pero intensa trayectoria musical de cinco años. Muy influenciados por ese mito del rock que es Little Richard, bebieron de diferentes estilos como el country, folk, blues, rock o swamp rock.

Las diversas tensiones internas dentro de la Creedence, provocaron un deterioro de la relación entre los miembros del grupo, que los llevó a anunciar su disolución definitiva en 1972. Pero no se fueron sin antes obsequiarnos con infinidad de hits y convertirse por méritos propios,  en una de las bandas que ha marcado la vida de generaciones, gracias a su peculiar, extraordinaria e increíble música.

Koko Taylor – I Got What It Takes (Alligator 1975)

La ciudad de Memphis en los Estados Unidos, tuvo el honor de ver nacer en 1938 a Cora Walton (Koko Taylor), una de las mejores intérpretes de blues de la historia, una mujer procedente del pantano, poseedora de una voz grave y contundente, que con el paso del tiempo se ganó más que merecidamente, el apodo de “The Queen of The blues”.

Comenzó desde su infancia a cantar en las iglesias y por aquella época era habitual que las chicas de su edad se decantasen por el góspel. Pero  rápidamente, se dio cuenta que su verdadera pasión era el blues tradicional, un género que por esas fechas emitían las estaciones de radio sin descanso,  por las que desfilaban continuamente grandes nombres del blues  como B.B. King,  Sonny Boy Williamson, Howlin´Wolf o Elmore James y que a su vez le sirven de gran influencia.

Con el pseudónimo de “Koko Taylor”, se instala en Chicago en 1953, ciudad  en dónde se empapa de blues y actúa en  múltiples locales y tabernas del South-Side. En cierta ocasión, le presentan al famoso productor y pinchadiscos Big Bill Hill,  personaje esencial en la trayectoria de Koko Taylor, que le dio referencias positivas al rey midas del blues,  Willie Dixon. Posteriormente,  la joven Koko firmaría en 1963 por la clásica discográfica Chess Records.

Bajo el amparo del músico, compositor y productor Dixon, que por aquella etapa se encontraba colaborando para artistas de la talla de Muddy Waters, Otis Rush, Little Walter o Howlin´Wolf entre otros, le proporciona un tema a Koko para estrenarse con su primer single.

Y “Wang Dang Doodle”, sería el tema escogido, ya grabado anteriormente por Wolf, pero que catapultó a Koko Taylor hacia el estrellato en 1965. Con su magnífica voz negra y arropada por el mítico guitarrista de seis dedos Hound Dog Taylor y el malogrado armonicista Little Walter, vendió un millón de copias, llegando incluso a  tener una fuerte repercusión en la vieja Europa, continente en dónde sería constantemente demandada.

Tras un éxito enorme y un trabajo incesante rodeada de virtuosos músicos, se embarcó en giras larguísimas y realizó variedad de álbumes. Y por fin,  la industria del blues y su clientela  entendieron a la perfección la necesidad de incluir por fortuna, mujeres en este arte al que denominamos blues.  Koko fichó en 1975 por Alligator Records, un sello emergente por aquella década, que dotó de frescura y nuevos talentos al blues de Chicago.

El primer álbum que grabó en Alligator  fue este “I Got What It Takes”, hoy en día un clásico, en el que Taylor estuvo acompañada de unos músicos veteranos,  como el fino guitarrista Migthy Joe Young, el también guitarrista Sammy Lawhorn, el saxofonista Abb Locke, Bill Heid a los teclados, Cornelius Boyson al bajo y Vince Chappelle a la batería. Todos ellos, formaron una parte muy importante en bandas y artistas consagrados durante los setenta, tocando con estrellas como Muddy Waters, Fenton Robinson o Johnny Taylor.

 “I Got What It Takes” contiene once joyas sin el más mínimo desperdicio y fue producido por la propia Koko, Joe Young y Bruce Iglauer. El álbum fue grabado en los “Sound Studios” de Chicago y como ya mencionamos previamente, fue el primero en el sello del lagarto, siendo un total de nueve, los grabados para esta legendaria compañía.

Inicia con una versión del popular “Trying To Make a Living”, un tema movido, que ya nos prepara para el resto del álbum. Seguidamente, tendrá lugar  el que da nombre al disco: “I Got What It Takes”, propiedad de Willie Dixon y ejecutado al más puro estilo Chicago.

Uno de los puntos álgidos es  “Voodoo Woman”, compuesto por Taylor, en dónde nos muestra la fuerza de su voz y la corriente por la que atravesaba el blues en los setenta. Sencillamente magistral.

Otros fundamentales son el versionadísimo “Big Boss Man” con excelente saxo, “Happy Home”, espléndida  slide, un rotundo “Blues  Never Die” de  Otis Spann, el funky en “Find A Fool” o la maravillosa balada  “That´s  Why I´M Crying”, son simplemente geniales.

Koko Taylor es puro blues y aunque desgraciadamente nos dejó para siempre en 2009 a los 80 años, hemos podido disfrutar de su música, de su sentimiento desmedido por el blues y de la poderosa atracción de una voz única e irrepetible.

Con todos vosotros la reina del blues….

Robert Johnson – King of the Delta Blues Singers

Ya ha pasado más de un siglo desde su nacimiento, pero el enigma que se cierne sobre la figura del bluesman Robert Johnson, continúa siendo objeto de infinidad de investigaciones y análisis.

Cuenta una leyenda sureña, que para conseguir lo que uno desea, puede vender el alma al diablo en un cruce de caminos… Y así comienza la historia de Robert Leroy Johnson, el rey del delta blues, aquel que realizó un supuesto pacto con el mismísimo Satanás, en la encrucijada de la Autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Mississippi), ofreciéndole su alma a cambio de obtener la llave que le abriría las puertas al conocimiento musical absoluto y a una increíble técnica a la guitarra.

Por las remotas décadas de los años veinte y treinta, una práctica habitual en los músicos de blues era la de intentar transmitir una imagen de hombres misteriosos. Y Robert Johnson se construyó su propio mito y de alguna forma, supo mantener a su alrededor un cierto halo de oscuridad que lo convirtió en la leyenda del blues por excelencia.

La vida de Robert Johnson, está erróneamente datada y llena de imprecisiones, aunque se  dice que pudo nacer en 1911 en el estado de Mississippi, al sur de Estados Unidos. Trabajador de los campos de algodón de Robisonville,  desde su infancia mostró interés por la armónica y el arpa. En sus inicios, era considerado como un músico mediocre… pero en un corto período de tiempo, mostró un virtuosismo fuera de lo común.

En el ocaso de los años 20 se desata su pasión desmedida por la guitarra, empezando a frecuentar locales de su zona. Y rápidamente se rodeó de  músicos con cierta reputación en aquella época, como Son House, con el que comienza a tocar en los primeros años treinta y que ejerció una fuerte influencia sobre su persona, o Willie Brown, que ayudó a Robert Johnson enseñándole el arte de las seis cuerdas. Otra estrella del momento era el legendario Charlie Patton, el padre del “Delta Blues”, con el que Robert colaboró.

Robert Johnson  tuvo una corta, pero intensa vida, que dedicó en su mayor parte a perfeccionar su destreza con la guitarra, madurando musicalmente en viajes por Nueva York, Canadá o el Delta del Mississippi.  Después de pasar por diversas crisis matrimoniales y tragedias familiares, buscó refugio en la denominada “música del alma”. Conoce a  Ernie Oertle, de Columbia Records, quien le presenta a Don Law, un representante que le insistió en que grabara sus temas en el menor tiempo posible.

Y nos dejó reflejada su breve, pero genial obra en dos sesiones de grabación, registradas durante los días 23, 26 y 27 de noviembre de 1936, en una habitación del Hotel Gunter de San Antonio (Texas) y posteriormente, el 19 y 20 de junio de 1937, en un edificio de oficinas en  Dallas, realizando solamente un total de 29 magistrales composiciones y  a lomos de su guitarra acústica Gibson semi destruida. De varias, grabaría distintas versiones, siendo 42 las que se conocen en la actualidad.

Este álbum recopilatorio “King of the Delta Blues Singers”, nos deja un sabor a caminos polvorientos por el delta del Mississippi y al ambiente opresivo que se respiraba en los campos de algodón…

Publicado en 1961 por el sello discográfico Columbia, se recogen temas de la altura de “Crossroads”, (en el que hace alusión a ese terrorífico pacto), el clásico entre clásicos y tantas veces versionado “Sweet Home Chicago”, esa joya que es “Ramblin’ on My Mind” y otros que sentarían las bases del blues y el rock como “I Believe I’ll Dust My Broom”, Phonograph Blues”, “Walking Blues”, “32-20 Blues”, “Me and The Devil Blues”, “Love in Vain”, “If I Had Possession over Judgement Day” o “Blues Terraplane”, su primer gran éxito.

Destacar que Robert Johnson, maestro de la guitarra slide, ha sido la fuente de inspiración más grande para músicos de la talla de Eric Clapton, The Rolling Stones, The Allman Brothers Band, Bob Dylan, John Fogerty, The Band, Led Zeppelin, o Johnny Winter entre otros. Uno de los más influenciados por su peculiar estilo fue Eric Clapton, qué le rindió un más que merecido homenaje con su disco tributo de 2004 “Me And Mr. Johnson”. Clapton se manifestó en más de una ocasión con frases como: <<“Es algo asombroso haber sido influenciado toda mi vida por el trabajo de un solo hombre>> o << Realmente, su música permanece como el grito más poderoso que pueda proferir la voz humana”>>

Finalmente, el diablo cobró su deuda y se llevó a Robert Johnson en 1938 a los 27 años, siendo el primer miembro y dando origen al fatídico “club de los 27”, formado por otras estrellas musicales, que fallecerían en años venideros a esa misma edad como Jim Morrison, Kurt Cobain, Jimi Hendrix, Janis Joplin o Brian Jones. Todo este cúmulo de anécdotas o casualidades del destino, no hicieron otra cosa que acrecentar aún más el mito. Al margen de esto y como dato curioso, únicamente se tiene constancia de dos fotografías de su persona.

De los motivos de su muerte, hay varias versiones, unos dicen que de neumonía, otros de sífilis. Quizás la más verídica, según se especula, fue que una noche durante una actuación en un bar de Three Forks junto a Sonny Boy Williamson, el dueño de la taberna introdujo veneno en su vaso de whisky, puesto que Johnson mantenía una relación con su esposa.

Quiero creer, que la realidad superó a la ficción, aunque con un cierto atisbo de duda dentro de nuestra imaginería. Lo que si es innegable, es que aquel joven bluesman, desde una humilde opinión, nos dejó el legado musical más importante que haya visto nacer el siglo XX. Si hoy en día, existe el blues y el rock tal y como lo conocemos, es gracias a que Robert Johnson quiso…… que así fuera.

Eric Clapton – Eric Clapton’s Rainbow Concert (Polydor 1973)

El regreso de uno de los mitos e iconos del rock  al mundo de la música estuvo marcado por este histórico álbum en directo, grabado para la posteridad el 13 de junio de 1973.  Eric Clapton pasó más de dos años prácticamente inactivo, en medio de un lapsus de tiempo de recogimiento, drogas  y desolación, que solamente fue interrumpido para actuar en el afamado “Concert For Bangladesh”.

La tremenda  anticipación de Eric Clapton durante la década de los sesenta junto a las legendarias bandas dónde militó, supuso una parte vibrante en la historia del rock. En muchas ocasiones estuvo basada en el blues y  teniendo como principales influencias a gigantes del género como Robert Johnson, Muddy Waters o Freddie King.

La vuelta de “Slowhand”  a la escena musical, se debió en gran medida al componente de “The Who” Pete Townshend, uno de sus mejores amigos, quién lo convenció y le dio ánimos, argumentando que la música que salía de sus manos era fundamental y ni mucho menos estaba pasada de moda”.

Para el show, Pete Townshend reclutó a una excepcional e irrepetible agrupación de músicos, entre los que se encontraban nombres como Ron Wood a la guitarra, Steve Winwood a los teclados, Rick Grech al bajo, los bateristas Jim Capaldi y Jimmy Karstein, Rebop a la percusión y el propio Pete a la guitarra asociado con Eric Clapton, como no podía ser de otra manera, también a la guitarra y voz.

Estableciendo el cuartel general en la casa de Ron Wood en Richmond, a las afueras de Londres, necesitaron diez días para ensayar y ponerse medianamente a punto, en los cuales el mítico guitarrista de los “Who” Pete Townshend, los recuerda con especial cariño, siendo para él “un placer poder ver tocar de nuevo a su amigo” y Clapton le respondió: “no te preocupes, es fácil sabes, son temas sencillos” ante esa situación de inquietud y falta de entrenamiento que Eric padecía en aquel período.

El sitio elegido para su retorno fue el vetusto “Rainbow Theatre”, situado en Finsbury Park al norte de Londres, un escenario clásico y de difícil acceso para los numerosos fans del rock & roll en aquella época. Este teatro sería crucial en los setenta, convirtiéndose en un lugar de culto para formaciones del calibre de Yes, Led Zeppelin, Jethro tull o Emerson, Lake & Palmer.

Producido por Pete Townshend y ayudado por el músico e ingeniero de sonido Glyn Johns, bajo el sello discográfico Polydor, el álbum original de 1973 incorporaba únicamente seis temas, a los que por fortuna en la redición de 1995, se le añadieron otras ocho pistas nuevas, sumando un total de catorce; capturando casi todo el show completo y emprendiendo un inolvidable viaje por las  canciones más destacadas de su amplio repertorio.

 En la redición del 95, el concierto inicia con la presentación del grupo llamado para la ocasión “Eric Clapton´s And The Palpitations”, abriendo con el maravilloso “Layla”, dónde se advierte la voz cascada de Clapton,  pero ya metido de lleno en el show, respaldado por una sobrecogedora banda que hizo las delicias del público.

Continuaban con temas antológicos como “Badge”, “Blues Power”, “Roll It Over” o una versión bellísima de Jimi Hendrix: “Little Wing”.

Clapton sigue realizando un recorrido por sus anteriores éxitos, para dar paso a “Bottle Of Red Wine”, “After Midnight”  a una velocidad más lenta, la balada “Bell Bottom Blues”, o el clásico “Presence Of The Lord”. Para terminar con “Tell The Truth”, el tema de Traffic “Pearly Queen”, los célebres temas blues usados durante años por  Clapton como “Key To The Highway” y el estándar “Crossroads” y el tema de su primer disco en solitario “Let It Rain”.

En este concierto, Eric Clapton usó por primera vez su eterna guitarra Fender  Stratocaster negra a la que llamaba “Blackie”, que lo acompañaría durante el resto de la década de los setenta y hasta la mitad de los 80. Y como anécdota, esta guitarra donada por Clapton, fue subastada en 2004 logrando un precio récord de casi un millón de dólares.

Nos obsequiaron con un sonido espectacular, dentro de lo que a las actuaciones en directo se refiere, aunque no siendo de las más sobresalientes de Mr. Clapton, pero especialísima por las circunstancias, por la banda, por el momento transcendental en su carrera  y por ser el retorno de uno de los grandes de la historia del rock.

Un año después del “Rainbow Concert” y gracias a Pete Townshend y a la acupuntura, Eric Clapton logró dejar la heroína…

Festival de Woodstock 69 – Tres días de paz y música

Tal día como hoy, un 15 de Agosto de hace cuarenta y tres años, se celebraba en pleno apogeo del movimiento hippie el festival de Woodstock 69, un hito sin precedentes en la historia del rock que significó algo más que música. Las banderas pacifistas ondeaban al viento, factores como las protestas contra la guerra del Vietnam, formaban parte de la realidad cotidiana e impregnaban el ambiente de tensión y nerviosismo, en una época políticamente cargada. Y de una manera instantánea, Woodstock se convirtió en un canto a la paz, al amor y a la solidaridad.

Ya han pasado más de cuatro décadas y si emprendemos un viaje en el tiempo que nos transporte al 15 de Agosto de 1969 nos daremos cuenta de que no fue un viernes cualquiera. Gracias a Woodstock, la humanidad se concienciaba que de algún modo, el mundo tenía que cambiar y que ya estaba exhausta de conflictos bélicos e injusticias que atentaban contra los valores tradicionales de su sociedad y cultura. A nuestro juicio, Woodstock fue su voz. Fueron tres días inolvidables de paz y música que marcaron a fuego la identidad de toda una generación… el resto ya esta escrito en los libros de historia.

La organización, corrió a cargo del ejecutivo discográfico Artie Kornfeld y Michael Lang, unos jóvenes productores que apenas rondaban los 25 años y que tenían la idea de construir un estudio de grabación, que finalmente desembocó en un festival de música y artes. Respondieron a un anuncio publicado por John P. Roberts y Joel Rosenman en el New York Times… y ni por un instante, se imaginaban la repercusión que Woodstock tendría años después.

Curiosamente, este mítico festival nunca se realizó en el territorio de Woodstock, simplemente tomaría su nombre, ya que los habitantes de esta localidad se opusieron totalmente a la organización del evento y les obligaron a trasladar el escenario.  Finalmente,  se celebró en una granja lechera de Bethel propiedad de Max Yasgur, situada a 69 km, en el estado de Nueva York. Artie Kornfeld y Michael Lang alquilaron el terreno por 50.000 dólares.

Económicamente, Woodstock fue un rotundo fracaso y la organización del festival solamente obtendría beneficios en años venideros, gracias a la gran cantidad de material recopilatorio, películas y álbumes relacionados con lo que allí sucedió.

Uno de los más famosos es el documental “Woodstock: 3 Days of Peace & Music(1970), dirigido por Michael Wadleigh y montado por Martin Scorsese, lo estrenaron al año siguiente de Woodstock e incluso ganó un premio Oscar. Destacado, el film de 2009 “Taking Woodstock” dirigida por Ang Lee.

En cuanto a álbumes recopilatorios, reseñar el publicado en 1970 en formato triple por el sello Atlantic Records/ Cotillion Woodstock: Music from the Original Soundtrack and More”. En 1994, fue relanzado en doble cedé.

La segunda edición, publicada en 1971 por Atlantic: “Woodstock 2” en la que incluyen temas del anterior disco y añaden material extra. Tiempo después, se repetirían ediciones de Woodstock, como la del 1979, 1989, 1994 y 1999. Pero ninguna como la de 1969, la primera, única e irrepetible.

En los días previos al  espectáculo, kilométricas caravanas de vehículos se agolpaban en las principales carreteras de acceso, dando lugar a atascos monumentales. Al margen de esto, se le unían las constantes quejas vecinales, los numerosos problemas para contactar con los artistas, la organización se vio desbordada, la comida fue insuficiente y las instalaciones sanitarias no eran aptas. En los medios de comunicación, a los periodistas se les ordenaba publicar opiniones desfavorables, resaltando solamente los puntos negativos referentes a la celebración de Woodstock… pero su llegada era ya inminente.

Aproximadamente, el aforo del festival estaba destinado a 250.000 personas, pero se calcula que fueron alrededor de 500.000 las que acudieron y se estima que 250.000 no pudieron llegar. Durante tres días muchos durmieron a la intemperie, otros en tiendas de campaña… y se vivieron intensas noches de sexo y drogas, en especial LSD y marihuana. Todo ello, con la música rock de fondo. Reinaba el caos y el descontrol, se derrumbó la valla de contención, oleadas de visitantes acceden al recinto sin abonar los 18 dólares que costaba la entrada, convirtiendo un evento que en un principio iba a ser de pago… ¡¡¡en gratuito!!!

Y  así se gestaba este macro concierto de dimensiones desproporcionadas, durante tres días consecutivos 15, 16, 17 y la madrugada del 18 de Agosto de 1969, una brillante constelación de estrellas musicales se daba cita en aquel barrizal de lodo y fango, para iluminar el firmamento a través de un arte al que conocemos como rock and roll.

Muchos de los artistas que tocaron en Woodstock eran músicos ya consagrados en aquellos tiempos, a otros como Joe Cocker o Santana, les sirvió para proyectarse hacia el estrellato del rock gracias a la fama mundial que este evento adquirió. Hasta la fecha, tanto Joe Cocker como Santana jamás habían participado en un festival de estas características.

Realmente interesante, fueron los datos que se aportaron acerca de los artistas que fueron invitados y que por diferentes circunstancias no asistieron a Woodstock. Serían ilustres ausencias como la de Frank Zappa, que se negó porque “había mucho barro en Woodstock”, Los Doors, inicialmente confirmaron su presencia, pero al final lo valoraron como “una versión reducida del “’Monterey Pop Festival”, los Led Zeppelin se encontraban de gira, al margen de comentar que les parecía lo que iba ser un “pequeño festival”, entre otras destacadas declinaciones como las de Bob Dylan, Byrds, King Crimson, The Beatles, The Jeff Beck Group, Spirit, The Moody Blues, Joni Mitchell o Jethro Tull. Casualidades de un destino, que decidió que estos artistas no apareciesen en Woodstock… pero no importó demasiado.

Incontables fueron las anécdotas que sucedieron, y en números mencionaremos las más singulares: 0 recolectores de basura, 1 caso de neumonía, 1 coma diabético, 2 nacimientos no confirmados, 3 muertes, (una por sobredosis de heroína, otra por apendicitis y otra atropellada por un tractor) , 3 traqueotomías practicadas, 4 personas perdidas, 6 meses  para preparar el festival, 18 dólares era el precio de la entrada por los tres días, 10 fueron los disparos que hizo al aire con su escopeta el granjero Ben Leon, muy disgustado por el ruido, 20 minutos había que esperar para asearse, 27 Km de retenciones,  50 médicos traídos desde Nueva York, 65 autobuses se enviaron desde Nueva York, 80 demandas contra el festival, 100 arrestos por posesión de droga, 150 policías voluntarios, 346 policías que se contrataron fuera de sus horas de servicio, 450 vacas sueltas entre los asistentes, 600 letrinas, 60.000 los asistentes que esperaban los organizadores de Woodstock. Y así un largo etcétera…

Un amplio número de músicos acudieron a Woodstock. Y aunque la mayor parte de actuaciones estuvieron a un excelente nivel, muchas de las bandas sufrieron diversos problemas técnicos y de sonido. Nos centraremos bajo una humilde opinión, las que consideramos más representativas:

 Llegó el Viernes 15 y a las 17:07 de la tarde, con el escenario situado al fondo de un lago, la apertura del festival corrió a cargo del cantante y guitarrista de folk estadounidense Richie Havens, con “I Can’t Make It Anymore” e interpretando unos memorables himnos mundiales “Strawberry Fields forever” y “Freedom”… apoteósico Richie Havens, poseedor de una gran personalidad. Sin duda, fue otra de las imágenes que Woodstock nos dejó para la posteridad.

Los Sweetwater, con sus psicodélicos  “What’s Wrong” , Motherless Child” o “Two Worlds”.

Una silenciosa lágrima, cayó sobre Woodstock cuando  Bert Sommers  entonó su emotivo “Jennifer”.

Para el recuerdo colectivo, permanecerá la intervención de Country Joe McDonald, que hizo soñar y cantar a miles de personas al ritmo de su “I Feel Like I’m Fixin’ To Die Rag”, una de las proclamas en contra de la guerra del Vietnam más profundas del concierto… y otra de las canciones insignia del festival. Country Joe Mac Donald tocó sin su banda, los Fish, pero los versos de este tema quedarán marcados para siempre en la memoria del rock: And it’s one, two, three, What are we fighting for?, Don’t ask me, I don’t give a damn, Next stop is Vietnam; And it’s five, six, seven, Open up the pearly gates, Well there ain’t no time to wonder why, Whoopee! We’re all gonna die.

John B. Sebastian con “Rainbows All Over Your Blues”… y vestido con su peculiar camisa amarilla, todo un icono gráfico. Incluso se tomó su fotografía de espaldas para una portada.

Arlo Guthrie, el hijo del influyente músico de folk Woody Guthrie y mentor de Bob Dylan, con esas joyas como “Coming Into Los Angeles”, “Amazing Grace” y “Story about Moses and the Brownies”.

Tim Hardim con“If I Were a Carpenter”, “Simple Song Of Freedom” y “Speak Like A Child”.

 El folk psicodélico de la Incredible String Band se reflejó en “When You Find Out Who You Are”, “Sleepers Awaken” o “Invocation”.

 El músico indio Ravi Shankar, encandila con su música:Raga Puriya-Dhanashri/Gat In Sawarital”, “Tabla Solo In Jhaptal”, “Raga Manj Kmahaj (AIap, Jor, Dhun In Kaharwa Tal)”

 El Sábado 16 fue el día de la lluvia, que convirtió aquel inmenso prado en un lodazal gigantesco. Pero no fue impedimento alguno para los Quill, Santana, Canned Heat, Mountain, Grateful Dead, Keef Hartley Band, Country Joe And The Fish, John B. Sebastian, Creedence Clearwater Revival, Sly & The Family Stone (uno de los mejores grupos negros del momento), Janis Joplin con su Kozmic Blues Band, The Who y Jefferson Airplane. Muchos de ellos tocaron empapados por el agua.

Increíble Santana, con su magnífico latin-rock y sus espléndidos “Soul Sacrifice”, “Evil Ways” o “Jingo”. Por aquella época, Carlos Santana solamente tenía publicado un disco y era prácticamente un desconocido en aquellos tiempos. Pero la colosal actuación que llevo a cabo, quedará escrita con letras de oro en la biblia del rock.

Janis Joplin, la diva del rock junto a sus Kozmic Blues Band en “Ball ‘n’ Chain”, “Kozmic Blues” o “Piece of My Heart.”. Dio toda una muestra de poderío con su desgarradora e imponente voz.

Con la mejor alineación de su trayectoria musical y llegados desde Los Ángeles, se presentaban los Canned Heat liderados por el “Oso” Hite a la voz, el genial Larry Taylor, uno de los mejores bajistas que ha dado el rock, acompañados por Alan Wilson y Harvey Mandel a las guitarras y Adolfo “Fito” De La Parra a la batería. Tocaron “A Change Is Gonna Come/Leaving This Town”, “Going Up the Country”, Let’s Work Together”, “Woodstock Boogie” y “On the Road Again”.

La Creedence Clearwater Revival de John Fogerty regaló un buen abanico de clásicos: “Green River”, “Commotion”,  “Bad Moon Rising”  “Proud Mary” “I Put a Spell on You” o . “Born on the Bayou”  entre otros…y  todo el mundo estaba durmiendo…

 Los Sly & The Family Stone, hicieron las delicias del público con su inconfundible estilo funky-soul en  “Love City”, “Everyday People” o “Sing a Simple Song”, un glorioso I’m going to take you higher” yun sin palabrasStand!”.

Un sobresaliente, a los estadounidenses “Mountain” con Felix Pappalardi al frente y el virtuoso guitarrista Leslie West, con “Southbound Train” y la sensacional “Blood of the Sun”. Y desplegaron toda su imaginería, reflejada en “Theme for an Imaginary Western”, composición del ex cream Jack Bruce.

El infortunio, cayó sobre los Grateful Dead. Woodstock pudo haber sido otro punto álgido en su carrera, pero su puesta en escena fue cortada cuando los amplificadores del escenario se sobrecargaron durante “Turn On Your Love Light”, ya que la lluvia inundó el escenario y corrieron serio peligro de descargas eléctricas, alcanzando algunas a Jerry García y Bob Weir. Por este motivo, no aparecen en la filmación. Anteriormente, interpretaron “St. Stephen” “Mama Tried”, “Dark Star” y “High Time”.

 A los británicos The Who, les sorprendió el activista político Abbie Hoffman, que interrumpió la actuación del grupo para dar un discurso de protesta en contra del encarcelamiento de John Sinclair. Tocaron durante hora y media, enloqueciendo al público con sus clásicos: “I Can’t Explain”, “Tommy Can You Hear Me?, “Pinball Wizard” o “My Generation” entre otros. Varios de ellos, procedentes de su ópera rock “Tommy”.

 Originarios de California y uno de los máximos exponentes del “flower power”, los Jefferson Airplane aterrizaban en Woodstock con “Somebody To Love”, “Volunteers” o “White Rabbit”,  entre otros hits y un gran blues “Uncle Sam’s Blues”.

 El Domingo 17, tuvo como protagonistas principales a los Joe Cocker and The Grease Band, Country Joe & The Fish, Ten Years After, The Band, Blood, Sweat & Tears, Johnny Winter, Crossby, Stills, Nash And Young, Paul Butterfield Blues Band, Sha Na Na y Jimi Hendrix.

De antológica, se puede clasificar la interpretación de Joe Cocker con Feelin’ Allright”, “With A Little Help From My Friends” y “Let’s Get Stoned”. Joe Cocker fue la voz de Woodstock. Después de tocar, el cielo comenzó a rugir… y una tormenta eléctrica se cebó sobre Woodstock. Los rayos estuvieron a punto de alcanzar las estructuras metálicas que sostenían las luces y amplificadoresy se suspendió el concierto varias horas. Pero no había nada que pudiese parar al rock.

Los canadienses The Band, una vez más nos obsequiaron con ese glorioso tema“The Weight”, todo un patrimonio cultural de la humanidad. El tejano Johnny Winter, acompañado de su hermano Edgar Winter en dos canciones, no dejarían indiferente a nadie con su “Mean Town Blues” y “Tobbaco Road”… ya había comenzado la leyenda del albino de oro.

Extraordinarios los Ten Years After, capitaneados por ese fenómeno de la naturaleza llamado Alvin Lee. No fue un domingo cualquiera, todavía hoy se recuerda su fantástica actuación con aquel soberbio “I’m Going Home”.

En todo su esplendor se pudo ver a Crossby, Stills, Nash and Young con el emocionante “Marrakech Express”, “49 Bye-Byes”, “Find the Cost of Freedom” o “Judy Blue Eyes”. Neil Young se saltó el pase acústico y evitó ser grabado durante el eléctrico.

La Paul Butterfield Blues Band, dejaba otra huella imborrable con su característico blues: “Everything’s Gonna Be Alright”, “Driftin'” “Born under a Bad Sign” “Morning Sunrise” y “Love March”.

En último lugar, le llegó el turno del dios de la guitarra Jimi Hendrix, ataviado con una chaqueta de flecos y apoyado por su banda Gypsy Sun and Rainbows, que clausuraban el festival deleitando con un magistral himno eléctrico” “The Star Spangled Banner”, en señal de protesta al comportamiento bélico del gobierno de los EEUU.

Su legendaria actuación ante mucho menos público, se convirtió en el auténtico símbolo de Woodstock. Al parecer, se dice que fue Jimi Hendrix quien solicitó tocar el último. Imperecederas fueron sus improvisaciones, su asombrosa música de otra dimensión, sus maravillosas distorsiones con la guitarra…”Woodstock Improvisation”, “Villanova Junction”, “Voodoo Child (Slight Return)”, Stepping Stone”, o “Purple Haze”.

A las 10:30 de la mañana del lunes 18, Jimi Hendrix tocó “Hey Joe”, el último tema que cerraba definitivamente el festival. Y con él se iban los tres días más transcendentales que vivió  la historia musical contemporánea.

Y así concluye la aventura musical más grandiosa que vio nacer el siglo XX, un evento multitudinario que atrajo a medio millón de personas unidas por la música y su deseo de paz para el mundo. Quiero creer,  que encarnaron  a la perfección un inmortal espíritu que después de cuarenta años, todavía perdura.

Arropados por las estrellas del rock and roll, únicamente armados con guitarras y poesía, mostraron su rechazo a la guerra. Leyendas eternas que en aquellos días elevaron la música al infinito, haciendo que la humanidad se estremeciese. Una experiencia única que jamás se volverá a repetir y que marcó el principio y el fin de una época. Y por supuesto, el despertar de una nueva conciencia.

The Butterfield Blues Band – East West

Surgidos de esa capital mundial del blues que es Chicago, la Butterfield Blues Band destapó el tarro de la quinta esencia musical gracias a un histórico y revolucionario álbum al que llamaron “East West”, publicado por un ya lejano 1966. Considerado un disco de culto, todavía hoy sigue siendo objeto de infinidad de estudios y análisis, ya que causó un enorme impacto en la escena musical de la época y le indicó el camino a formaciones venideras.

Exploran magistralmente hasta los confines más recónditos del amplio territorio sónico, en ocasiones te invadirán con una tímida mirada hacia la psicodelia y en otras realizan una explosiva fusión de diversos estilos, como el jazz, rock, blues o el rhythm and blues… e incluso una cierta influencia del “raga” indio. Quiero creer, que la Butterfield Blues Band es el mejor ejemplo de libertad musical, imaginería y visión… hacen lo que quieren, cuando quieren y como quieren.

Y por supuesto, haremos referencia a la extraordinaria calidad que poseían los integrantes que daban vida a la Butterfield Blues Band, que alcanza el estatus de legendaria: Paul Butterfield  (voz y armónica), el héroe de la guitarra Mike Bloomfield, Elvin Bishop (guitarra), Mark Naftalin (piano), Jerome Arnold (bajo) y Billy Davenport a la batería. Mención especial, merece la impecable y virtuosa sección rítmica. Todos ellos, músicos con letras mayúsculas que ya eran famosos por haber tocado al lado de grandes del blues como Muddy Waters, Howlin ‘Wolf, Willie Dixon o T-Bone Walker.

Destacar la figura de Paul Butterfield, fundador y carismático líder de la banda. Un pionero en aquellos tiempos que llevó el sonido de la armónica hacia otra dimensión, mucho más allá del estilo tradicional afro americano.

Su peculiar forma de tocar este instrumento, le abrió las puertas a una cantidad ingente de músicos blancos, que hasta la fecha se encontraban excluidos del blues. Un genial legado, nos dejó aquel hombre blanco llamado Paul Butterfield. Desafortunadamente, su voz se apagaba para siempre un maldito 4 de mayo de 1987, víctima de una sobredosis de droga, pero siempre permanecerá vivo en nuestro recuerdo y se situará perpetuo en el olimpo, ocupando un lugar privilegiado junto a otros mitos del blues.

Centrándonos en el álbum, “East West” fue grabado en los Chess Studios”, en aquel número 2120 de la Avenida South Michigan, con sede en Chicago. Segundo trabajo de su discografía, fue producido por Paul A. Rothchild y Mark Abramson (célebres por sus colaboraciones con los Doors) y publicado por el sello Elektra Records. Consta de nueve temas sin el más mínimo desperdicio.

Abre la cara A con una versión del eterno clásico de Robert Johnson “Walkin’ Blues” y ya no te dejarán escapar… con “Get Out of My Life Woman” propiedad de Allen Toussaint. Continúan con un elitista “I Got a Mind to Give up Living”, para pasar a “All These Blues” en el que la armónica de Paul Butterfield parece cobrar vida y cierran con el aire jazz y blues reflejado en “Work Song”, perteneciente al músico de jazz estadounidense Nathaniel Adderley.

En la cara B nos encontraremos con los toques psicodélicos de “Mary Mary” de Michael Nesmith, siguen con el “Two Trains Running” de Muddy Waters, el tradicional “”Never Say No”,  para finalizar con los infinitos trece minutos de duración del apoteósico  instrumental “East West”, que te envolverá con las poderosas guitarras de Bloomfield y Bishop.

La portada del álbum, en la que podemos visualizar a los componentes del grupo, se fotografió  en el Museo de Ciencia e Industria de Chicago.

Y así concluye esta joya de incalculable valor, cortesía de la Butterfield Blues Band, aquellos que nos hicieron viajar por el este, pero también hacia el oeste, y los mismos que nos llevaron a emprender una inolvidable travesía musical que llegó hasta los cuatro puntos cardinales. Traspasaron fronteras, derrumbando todas las barreras posibles y escribieron de paso, una de las páginas más bellas, exquisitas y majestuosas de la historia musical contemporánea.

Magic Sam Blues Band – West Side Soul – (Delmark 1967)

Samuel Maghett, más conocido por el sobrenombre de “Magic Sam”, debuta en el mundo discográfico con el álbum “West Side Blues”, un auténtico clásico de blues eléctrico, al que situaron entre los diez mejores discos del género, según la popular e histórica revista especializada en este arte llamada “Living Blues”.

Nacido en 1937 en una granja en el centro del estado de Mississippi, a ocho millas del este de Grenada, pronto comienza como otros niños de su edad a tocar la guitarra,  influenciado notablemente por la peculiar manera de tocar de Big Joe Williams y también por músicos como Muddy Waters o Howlin Wolf.

En 1950 se traslada con su familia a Chicago, concretamente al West Side, un popular  y humilde barrio ubicado al oeste de la “Windy City”. Magic Sam descubre la libertad que esta ciudad le aporta, dando un cambio radical y un sentimiento novedoso a la hora de abordar un nuevo estilo de blues, surgiendo en la misma generación, nombres como Junior Wells, Buddy Guy u Otis Rush,  creando lo que más adelante le denominaban como “West Side Blues”.

Este nuevo estilo se caracteriza por tocar un blues propio de Chicago y de no trasplantar directamente el blues del sur, como ocurrió con sus antecesores Muddy Waters o Howlin´Wolf, si no que sería el propio blues, que se tocaría en los numerosos clubs de la ciudad y la propia gente de la calle.

Tras varios años actuando por  locales de Chicago, en lo que la nueva escena musical incluía el sonido “soul” de Menphis y la influencia “góspel -pop-soul” de Detroit, a Magic Sam le llega su momento en 1967, grabando esta obra extraordinaria de blues moderno, bajo la producción y supervisión del mítico propietario del histórico sello de Jazz y Blues Delmark Records, el gran Bob Koester.

La Magic Sam Blues Band estaba formada por Magic a la voz y guitarra, Migthy Joe Young (guitarra), Stockholm Slim (piano), Ernest Johnson al bajo y el excelente baterista de blues Odie Payne.Jr, todos ellos músicos jóvenes, pero con una dilatada experiencia en el circuito blues de Chicago.

Centrándonos en el álbum, lo podemos considerar como una colección de verdaderos clásicos definidos por la voz aterciopelada de Magic Sam y un buen trabajo a la guitarra, creando un magnífico tándem con Migthy Joe Young, arropados por una base rítmica envidiable. Nos encontraremos temas universales como el tradicional “Sweet Home Chicago” siendo la primera vez que este tema se graba de esta forma y convirtiéndose rápidamente en un standard del blues.

 Contiene composiciones propias como “That´S All I Need” marcadas por un claro estilo soul, la instrumental “Lookin´Good” o la legendaria “All Your Love”, uno de los cortes más destacados del blues referentes al amor. Otros más representativos, de claro estilo Chicago y fundamentales son “Dont´Want No Woman”, “My Love Will Never Die”  de Dixon, un triste y duro lamento que Magic transmite de manera sobresaliente, o la tantas veces versionada “Mama Talk To Your Daugther” entre otros eternos clásicos.

“West  Side Soul” llegaría en un momento histórico y espiritual en la historia del blues, plasmando un estilo moderno y que sería llave para el futuro del blues, casi como si de una plantilla se tratase, con un sonido que después de más de cuarenta años permanece puro e intacto.

Magic Sam falleció prematuramente de un ataque al corazón a los 32 años, pero no se fue sin antes dejarnos una corta, pero intensa discografía que consta de dos álbumes en estudio:  “West Side Soul” y “Black Magic”,  lo que significó un legado importantísimo y crucial para la historia del blues de Chicago y del blues en general.