Creedence Clearwater Revival – Willy and the Poor Boys

Impregnado de un fuerte sentimiento antibelicista, presenta en 1969 la Creedence esta obra: “Willy and the Poor Boys”. Un clásico álbum que considero como la crónica de una época. Factores como las multitudinarias protestas contra la guerra del Vietnam o la división social, forman parte de la realidad cotidiana, teniendo un profundo efecto sobre la nación norteamericana.

Y aquellos chicos desaliñados originarios de El Cerrito en California, desatan toda su ira realizando uno de los mayores alegatos en oposición a la guerra del Vietnam con “Fortunate Son”. Una canción universal, un clásico entre clásicos que se alza como el himno más representativo de toda una década. En cuanto llegue a tus oídos, te invadirá una potente sensación de rechazo hacia los conflictos bélicos, la temática principal que rodea a este disco.

Sus incisivas letras,  nos hablan de las injustas diferencias entre clases sociales y lo que supone ser un “hijo afortunado”, como puede ser el hijo de un senador o de un padre adinerado y la gran influencia que estos podían ejercer en torno al reclutamiento militar. Aquellos que tenían un estatus social más bajo, se encontraban combatiendo en el Vietnam… y era algo que a los políticos  no le importaba ni lo más mínimo.

Al margen de esto, “Fortunate Son”, se ha utilizado en numerosas de series de televisión, videojuegos, BSO y películas como la ganadora de seis premios Oscar  “Forrest Gump”, protagonizada por Tom Hanks. Haremos mención a los integrantes de Creedence Clearwater Revival: su carismático líder John Fogerty a la guitarra y voz,  su hermano Tom Fogerty a la guitarra, Stu Cook al bajo y Doug Clifford (batería).

“Willy and the Poor Boys” se publica en 1969 por el sello discográfico Fantasy Records, consta de diez pistas y destacar que ocho de ellas son compuestas por John Fogerty.

Abren la cara A con un pegadizo y alegre “Down On The Corner”, otro de sus grandes éxitos. Un rock clásico y divertido tiene lugar con «It came out of the sky». Y llega la excelente versión del “Cotton Fields”, perteneciente al bluesman Leadbelly. Continúan con el ritmo armónico de “PoorBoy Shuffle” y cierran con el blues de “Feelin’ Blue” , con  magníficos riffs de John Fogerty.

Inician la cara B con ese punto álgido y agresivo que es “Fortunate Son” y al que ya hicimos referencia. No pasa desapercibido el aire country que imprimen a “Don’t Look Now”, siguiendo con el tradicional folk estadounidense de “The Midnight Special”, un tema que  capta a la perfección la esencia de la CCR. Un espléndido instrumental “Side O’ the Road”, poseedor de unos solos de guitarra fantásticos. Y que mejor manera de finalizar que con “Effigy”, una pieza épica.

La Creedence Clearwater Revival tuvo una corta, pero intensa trayectoria de cinco años. Muy influenciados por el mítico Little Richard, bebieron de diferentes estilos como el country, folk, blues, rock o swamp rock. Las tensiones internas dentro de la Creedence provocan un deterioro de la relación entre los miembros del grupo y anuncian disolución en 1972. Pero nos dejaron infinidad de hits, y la historia los recuerda como una banda que marcó la vida de generaciones con su extraordinaria música.

Koko Taylor – I Got What It Takes (Alligator 1975)

La ciudad de Memphis, en los Estados Unidos, ve nacer a Cora Walton «Koko Taylor» en 1938, una de las mejores intérpretes de blues de la historia.  Una mujer procedente del pantano, de voz grave y contundente, que con el paso del tiempo se ganó el apodo de “The Queen of The blues”.

Comienza desde su infancia a cantar en las iglesias, y por aquella época, es habitual que las chicas de su edad se decanten por el góspel. Pero Koko siente que su verdadera pasión es el blues tradicional, un género que por esas fechas se emite continuamente en las estaciones de radio, desfilando grandes nombres como  B.B. King, Sonny Boy Williamson, Howlin´Wolf o Elmore James, y que a su vez le sirven de influencia.

Con el pseudónimo de “Koko Taylor”, se instala en Chicago en 1953, ciudad en dónde se empapa de blues y actúa en múltiples locales y tabernas del South-Side. En cierta ocasión, le presentan al famoso productor y pinchadiscos Big Bill Hill, personaje esencial en la trayectoria de Koko Taylor, que le dio referencias positivas al rey midas del blues, Willie Dixon. Tiempo después, la joven Koko firma en 1963 por la clásica discográfica Chess Records.

Bajo el amparo del músico, compositor, y productor Dixon, que por aquella etapa colabora con artistas de la talla de Muddy Waters, Otis Rush, Little Walter o Howlin´Wolf entre otros, el gran Dixon le proporciona una canción a Koko para estrenarse con su primer single. Wang Dang Doodle es la escogida, ya grabada anteriormente por Wolf, pero lanza a Koko Taylor al estrellato en 1965. Con su magnífica voz negra, Taylor está apoyada en todo momento por el mítico guitarrista de seis dedos Hound Dog Taylor y el malogrado armonicista Little Walter. Consigue vender un millón de copias, llegando incluso a tener una fuerte repercusión en la vieja Europa, continente en dónde sería constantemente demandada.

Tras un éxito enorme y un trabajo incesante rodeada de virtuosos músicos, se embarca en largas giras y realiza variedad de discos. Y por fin, la industria del blues y su clientela entienden la necesidad de incluir, por fortuna, mujeres en el blues. Koko ficha en 1975 por Alligator Records, un sello emergente por aquella década, que dotó de frescura y nuevos talentos al blues de Chicago.

El primer álbum que graba en Alligator fue este “I Got What It Takes”, hoy en día un clásico, en el que Taylor estuvo acompañada de unos músicos veteranos, como el fino guitarrista Migthy Joe Young, el también guitarrista Sammy Lawhorn, el saxofonista Abb Locke, Bill Heid a los teclados, Cornelius Boyson al bajo y Vince Chappelle a la batería. Todos ellos, formaron una parte muy importante en bandas y artistas consagrados durante los 70, tocando con estrellas como Muddy Waters, Fenton Robinson o Johnny Taylor.

“I Got What It Takes” contiene once joyas sin el más mínimo desperdicio y fue producido por la propia Koko, Joe Young y Bruce Iglauer. El álbum se graba en los “Sound Studios” de Chicago y como ya mencionamos antes, fue el primero en el sello del lagarto, siendo un total de 9, los grabados para esta legendaria compañía.

Inicia con una versión del popular “Trying To Make a Living”, un tema movido, que ya nos prepara para el resto del álbum. Seguidamente, tiene lugar el que da nombre al disco: “I Got What It Takes”, propiedad de Willie Dixon y ejecutado al más puro estilo Chicago. Uno de los puntos álgidos es “Voodoo Woman”, compuesto por Taylor, en dónde nos muestra la fuerza de su voz y la corriente por la que atraviesa el blues en los 70. Sencillamente magistral.

Otras pistas fundamentales son el versionadísimo “Big Boss Man” con excelente saxo, “Happy Home”, espléndida slide, un rotundo “Blues Never Die” de Otis Spann, el funky en “Find A Fool” o la balada “That´s Why I´M Crying”.

Koko Taylor es puro blues. Desafortudamente, falleció en 2009 a los 80 años. Pero hemos podido disfrutar de su música, de su sentimiento desmedido por el blues, y de la poderosa atracción de una voz única e irrepetible.

Con todos vosotros la reina del blues….

Robert Johnson – King of the Delta Blues Singers

Ya ha pasado más de un siglo desde su nacimiento, pero el enigma que se cierne sobre la figura del bluesman Robert Johnson continúa siendo objeto de infinidad de investigaciones y análisis.

Cuenta una leyenda sureña, que para conseguir lo que uno desea puede vender el alma al diablo en un cruce de caminos. Y así comienza la historia de Robert Leroy Johnson, el rey del delta blues, aquel que realizó un supuesto pacto con el mismísimo Satanás, en la encrucijada de la Autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Mississippi). Le ofreció su alma a cambio de obtener la llave que le abriría las puertas al conocimiento musical absoluto y a una increíble técnica a la guitarra.

Por las remotas décadas de los años veinte y treinta, una práctica habitual de los músicos de blues era la de intentar transmitir una imagen de hombres misteriosos. Y Robert Johnson se construyó su propio mito y de alguna forma, supo mantener a su alrededor un cierto halo de oscuridad que lo convirtió en la leyenda del blues por excelencia.

La vida de Robert Johnson, está erróneamente datada y llena de imprecisiones, aunque se  dice que pudo nacer en 1911 en el estado de Mississippi, al sur de Estados Unidos. Trabajador de los campos de algodón de Robisonville,  desde su infancia mostró interés por la armónica y el arpa. En sus inicios era considerado como un músico mediocre… pero en un corto período de tiempo, mostró un virtuosismo fuera de lo común.

En el ocaso de los años 20 se desata su pasión desmedida por la guitarra, empezando a frecuentar locales de su zona. Y se rodea de  músicos con cierta reputación en aquella época, como Son House, con el que comienza a tocar en los primeros años treinta y que ejerce una fuerte influencia sobre su persona, o Willie Brown, que ayuda a Robert Johnson enseñándole el arte de las seis cuerdas. Otra estrella del momento era el legendario Charlie Patton, el padre del “Delta Blues”, con el que Robert colaboró.

Robert Johnson  tuvo una corta, pero intensa vida, que dedicó en su mayor parte a perfeccionar su destreza con la guitarra, madurando musicalmente en viajes por Nueva York, Canadá o el Delta del Mississippi.  Después de pasar por diversas crisis matrimoniales y tragedias familiares, busca refugio en la denominada “música del alma”. Conoce a  Ernie Oertle, de Columbia Records, quien le presenta a Don Law, un representante que le insiste en grabar sus temas en el menor tiempo posible.

Y nos dejó reflejada su breve, pero magistral obra, en dos sesiones de grabación registradas durante los días 23, 26 y 27 de noviembre de 1936, en una habitación del Hotel Gunter de San Antonio (Texas) y posteriormente, el 19 y 20 de junio de 1937, en un edificio de oficinas en  Dallas, realizando un total de 29 composiciones y con una guitarra acústica Gibson semi destruida. De varias grabó  distintas versiones, siendo 42 las que se conocen en la actualidad.

Este álbum recopilatorio “King of the Delta Blues Singers”, nos deja un sabor a caminos polvorientos por el delta del Mississippi y al ambiente opresivo que se respiraba en los campos de algodón.

Publicado en 1961 por el sello discográfico Columbia, se recogen temas de la altura de “Crossroads”, (en el que hace alusión a ese terrorífico pacto), el clásico entre clásicos y tantas veces versionado “Sweet Home Chicago”, esa joya que es “Ramblin’ on My Mind” y otros que sentarían las bases del blues y el rock como “I Believe I’ll Dust My Broom”, Phonograph Blues”, “Walking Blues”, “32-20 Blues”, “Me and The Devil Blues”, “Love in Vain”, “If I Had Possession over Judgement Day” o “Blues Terraplane”, su primer gran éxito.

Destacar que Robert Johnson, maestro de la guitarra slide, ha sido la fuente de inspiración más grande para músicos de la talla de Eric Clapton, The Rolling Stones, The Allman Brothers Band, Bob Dylan, John Fogerty, The Band, Led Zeppelin, o Johnny Winter entre otros. Uno de los más influenciados por su peculiar estilo fue Eric Clapton, qué le rindió un más que merecido homenaje con su disco tributo de 2004 “Me And Mr. Johnson”. Clapton se manifestó en más de una ocasión con frases como: <<«Es algo asombroso haber sido influenciado toda mi vida por el trabajo de un solo hombre>> o << Realmente, su música permanece como el grito más poderoso que pueda proferir la voz humana”>>

Finalmente, el diablo cobra su deuda y se lleva a Robert Johnson en 1938 a los 27 años, siendo el primer miembro y dando origen al fatídico “club de los 27”, formado por otras estrellas musicales que fallecerían en años venideros a esa misma edad como Jim Morrison, Kurt Cobain, Jimi Hendrix, Janis Joplin o Brian Jones. Todo este cúmulo de anécdotas o casualidades del destino, no hicieron otra cosa que acrecentar aún más el mito. Al margen de esto y como dato curioso, únicamente se tiene constancia de dos fotografías de su persona.

De los motivos de su muerte, hay varias versiones, unos dicen que de neumonía, otros de sífilis. Quizás la más verídica, según se especula, fue que una noche durante una actuación en un bar de Three Forks junto a Sonny Boy Williamson, el dueño de la taberna introdujo veneno en su vaso de whisky, puesto que Johnson mantenía una relación con su esposa.

Quiero creer que la realidad superó a la ficción, aunque con un cierto atisbo de duda dentro de nuestra imaginería. Lo que si es innegable, es que aquel joven bluesman nos dejó el legado musical más importante que ha visto nacer el siglo XX. Si hoy en día existe el blues y el rock tal y como lo conocemos, es gracias a que Robert Johnson quiso  que así fuera.

Eric Clapton – Eric Clapton’s Rainbow Concert (Polydor 1973)

El regreso de uno de los iconos del rock lo marca este histórico disco en directo, grabado el 13 de junio de 1973. Eric Clapton pasó más de dos años prácticamente inactivo, deprimido, y con una fuerte adicción. Un lapsus de tiempo de recogimiento, de drogas  y desolación, que solo fue interrumpido para actuar en el afamado Concert For Bangladesh”.

La visión musical de Eric Clapton durante los años 60, junto a las legendarias bandas dónde militó, supone una parte muy importante  para la historia del rock. En muchas ocasiones se basó en el blues y tuvo como principales influencias a gigantes del género como Robert Johnson, Muddy Waters o Freddie King.

La vuelta de Slowhand a la escena musical se debe en gran medida a Pete Townshend, guitarrista de los Who. Townshend, que tiene una gran amistad con Clapton, le da ánimo y le ayuda a superar su adicción a las drogas y su estado depresivo. Pete argumentó que <<la música que sale de tus manos es fundamental y ni mucho menos está pasada de moda>>. Sin duda, un gran gesto por parte de Townshend.

Para el show, Pete Townshend recluta a una excepcional agrupación de músicos: Ron Wood (guitarra) Steve Winwood (teclados), Rick Grech (bajo), los baterías Jim Capaldi y Jimmy Karstein, Rebop (percusión) y el propio Pete Thownshend a la guitarra asociado con  Clapton.

Establecen su cuartel general en la casa del Stone Ronie Wood en Richmond, a las afueras de Londres. Necesitaron diez días para ensayar y ponerse medianamente a punto. Con gran cariño, recuerda aquellos días Pete Townshed,  mítico guitarrista de los Who: <<es un placer poder ver tocar de nuevo a mi amigo>> y Clapton le responde: <<no te preocupes, es fácil sabes, son temas sencillos>>, ante esa situación de inquietud y falta de entrenamiento que Eric padecía en aquel período.

El sitio elegido para su retorno fue el vetusto “Rainbow Theatre”, situado en Finsbury Park al norte de Londres. Un escenario clásico y de difícil acceso para los numerosos fans del rock & roll en aquella época. Este teatro sería crucial en los 70, convirtiéndose en un lugar de culto para formaciones del calibre de Yes, Led Zeppelin, Jethro tull o Emerson, Lake & Palmer.

Producido por Pete Townshend y ayudado por el músico e ingeniero de sonido Glyn Johns, bajo el sello discográfico Polydor, el elepé original de 1973 incorpora solo 6 temas.En la redición de 1995, se añaden 8 pistas nuevas, sumando un total de 14; capturan casi todo el show completo y las  canciones más destacadas de su repertorio.

 En la redición del 95, el concierto inicia con la presentación del grupo llamado para la ocasión “Eric Clapton´s And The Palpitations”, abriendo con el clásico “Layla”, dónde se advierte la voz cascada de Clapton,  que ya metido de lleno en el show, lo respalda una banda que hizo las delicias del público. Continúan con temas antológicos como “Badge”, “Blues Power”, “Roll It Over” y una versión bellísima de Jimi Hendrix: “Little Wing”.

Clapton sigue realizando un recorrido por sus anteriores éxitos, para dar paso a “Bottle Of Red Wine” y “After Midnight”  a una velocidad más lenta. Otros cortes de obligada referencia son la balada “Bell Bottom Blues”, o el clásico “Presence Of The Lord”. Terminan con “Tell The Truth”, el tema de Traffic “Pearly Queen” y los habituales bluses de Clapton:  “Key To The Highway” , el estándar “Crossroads”“Let It Rain”.

En este concierto, Eric Clapton usó por primera vez su Fender  Stratocaster negra a la que llamaba “Blackie”. Esta guitarra lo acompañó durante el resto de la década de los 70 y mitad de los 80. Como anécdota, fue donada por Clapton y se subastó en 2004 logrando un precio récord de casi un millón de dólares.

El sonido de este concierto en directo fue espectacular, aunque no fue de las actuaciones más sobresalientes de Mr. Clapton. Pero fue muy especial  por las circunstancias, por la banda, por el momento transcendental en su carrera  y por ser el retorno de uno de los grandes del rock. Un año después del Rainbow Concert y gracias a Pete Townshend y a la acupuntura, Eric Clapton logra dejar la heroína.

Festival de Woodstock 69 – Tres días de paz y música

Un día como hoy, pero de 1969, se celebra en pleno apogeo del movimiento hippie el festival de Woodstock. Un hito sin precedentes en la historia del rock que significó algo más que música. Las banderas pacifistas ondean al viento, factores como las protestas contra la guerra del Vietnam forman parte de la realidad cotidiana e impregnan el ambiente de tensión y nerviosismo, en una época políticamente cargada. Y de manera instantánea, Woodstock se convierte en un canto a la paz, al amor y a la solidaridad.

Ya han pasado más de cuatro décadas y si emprendemos un viaje en el tiempo que nos transporte al 15 de Agosto de 1969 nos daremos cuenta de que no fue un viernes cualquiera. Gracias a Woodstock, la humanidad se conciencia de que tiene que cambiar y que ya está exhausta de conflictos bélicos e injusticias que atentan contra los valores tradicionales de su sociedad y cultura. A mi juicio, Woodstock fue su voz. Tres días inolvidables de paz y música que marcan a fuego la identidad de toda una generación. El resto ya esta escrito en los libros de historia.

La organización corre a cargo del ejecutivo discográfico Artie Kornfeld y Michael Lang, unos jóvenes productores que apenas rondan los 25 años y que tienen la idea de construir un estudio de grabación, que finalmente desembocó en un festival de música y artes. Respondieron a un anuncio publicado por John P. Roberts y Joel Rosenman en el New York Times… y ni por un instante, se imaginaban la repercusión que Woodstock tendría años después.

Este mítico festival nunca se realizó en el territorio de Woodstock, simplemente tomó su nombre, ya que los habitantes de esta localidad se opusieron a la organización del evento y les obligaron a trasladar el escenario. Finalmente se celebró en una granja lechera de Bethel propiedad de Max Yasgur, situada a 69 km, en el estado de Nueva York. Artie Kornfeld y Michael Lang alquilaron el terreno por 50.000 dólares. Económicamente Woodstock fue un rotundo fracaso y la organización del festival solo obtuvo beneficios en años venideros , gracias a la gran cantidad de material recopilatorio, películas y álbumes relacionados con lo que allí sucedió.

Uno de los más famosos es el documental “Woodstock: 3 Days of Peace & Music(1970), dirigido por Michael Wadleigh y montado por Martin Scorsese, lo estrenaron al año siguiente de Woodstock y ganó un premio Oscar. Destacado, el film de 2009 “Taking Woodstock” dirigida por Ang Lee. En cuanto a álbumes recopilatorios, reseñar el publicado en 1970 en formato triple por el sello Atlantic Records/ Cotillion Woodstock: Music from the Original Soundtrack and More”. En 1994, fue relanzado en doble cedé.

La segunda edición se publica en 1971 por Atlantic: “Woodstock 2” en la que incluyen temas del anterior disco y añaden material extra. Tiempo después, se repetirían ediciones de Woodstock, como la del 1979, 1989, 1994 y 1999. Pero ninguna como la de 1969, la primera, única e irrepetible.

En los días previos al espectáculo, kilométricas caravanas de vehículos se agolpan en las principales carreteras de acceso, dando lugar a atascos monumentales. Al margen de esto, se le unen las constantes quejas vecinales, los numerosos problemas para contactar con los artistas, la organización se vio desbordada, la comida fue insuficiente y las instalaciones sanitarias no eran aptas. En los medios de comunicación, a los periodistas se les ordena publicar opiniones desfavorables, resaltando solo los puntos negativos referentes a la celebración de Woodstock… pero su llegada era inminente.

Aproximadamente, el aforo del festival estaba destinado a 250.000 personas, pero se calcula que fueron alrededor de 500.000 las que acudieron y se estima que 250.000 no pudieron llegar. Durante tres días muchos durmieron a la intemperie, otros en tiendas de campaña… y se vivieron intensas noches de sexo y drogas, en especial LSD y marihuana. Todo ello, con la música rock de fondo. Reina el caos y el descontrol, se derrumba la valla de contención, oleadas de visitantes acceden al recinto sin abonar los 18 dólares que cuesta la entrada, convirtiendo un evento que en un principio iba a ser de pago… ¡¡¡en gratuito!!!

Y así se gesta este macro concierto de dimensiones desproporcionadas. Durante tres días consecutivos 15, 16, 17 y la madrugada del 18 de Agosto de 1969, una brillante constelación de estrellas musicales se da cita en aquel barrizal de lodo y fango, para iluminar el firmamento del rock. Muchos de los artistas que tocaron en Woodstock eran músicos ya consagrados en aquellos tiempos, a otros como Joe Cocker o Santana, les sirvió para proyectarse hacia el estrellato del rock gracias a la fama mundial que este evento adquirió. Hasta la fecha, tanto Joe Cocker como Santana jamás habían participado en un festival de estas características.

Muy interesantes fueron los datos que se aportaron acerca de los artistas que fueron invitados y que por diferentes circunstancias no asistieron a Woodstock. Serían ilustres ausencias como la de Frank Zappa, que se negó porque “había mucho barro en Woodstock”, Los Doors, inicialmente confirmaron su presencia, pero al final lo valoraron como “una versión reducida del “’Monterey Pop Festival”, los Led Zeppelin se encontraban de gira, al margen de comentar que les parecía lo que iba ser un “pequeño festival”, entre otras destacadas declinaciones como las de Bob Dylan, Byrds, King Crimson, The Beatles, The Jeff Beck Group, Spirit, The Moody Blues, Joni Mitchell o Jethro Tull. Casualidades de un destino, que decidió que estos artistas no apareciesen en Woodstock… pero no importó demasiado.

Incontables fueron las anécdotas que sucedieron, y en números mencionaremos las más singulares: 0 recolectores de basura, 1 caso de neumonía, 1 coma diabético, 2 nacimientos no confirmados, 3 muertes, (una por sobredosis de heroína, otra por apendicitis y otra atropellada por un tractor) , 3 traqueotomías practicadas, 4 personas perdidas, 6 meses para preparar el festival, 18 dólares era el precio de la entrada por los tres días, 10 fueron los disparos que hizo al aire con su escopeta el granjero Ben Leon, muy disgustado por el ruido, 20 minutos había que esperar para asearse, 27 Km de retenciones, 50 médicos traídos desde Nueva York, 65 autobuses se enviaron desde Nueva York, 80 demandas contra el festival, 100 arrestos por posesión de droga, 150 policías voluntarios, 346 policías que se contrataron fuera de sus horas de servicio, 450 vacas sueltas entre los asistentes, 600 letrinas, 60.000 los asistentes que esperaban los organizadores de Woodstock. Y así un largo etcétera…

Un amplio número de músicos acuden a Woodstock. Y aunque la mayor parte de actuaciones estuvieron a un excelente nivel, muchas de las bandas sufrieron diversos problemas técnicos y de sonido. Nos centraremos en las más representativas:

Llegó el Viernes 15 y a las 17:07 de la tarde, con el escenario situado al fondo de un lago, la apertura del festival corre a cargo del cantante y guitarrista de folk estadounidense Richie Havens, con “I Can’t Make It Anymore”, interpreta unos memorables himnos: “Strawberry Fields forever” y “Freedom”… apoteósico Richie Havens, músico de gran personalidad. Sin duda, fue otra de las imágenes que Woodstock nos dejó para la posteridad.

Los Sweetwater, con sus psicodélicos “What’s Wrong» , Motherless Child» o «Two Worlds». Una silenciosa lágrima, cayó sobre Woodstock cuando Bert Sommers entonó su emotivo “Jennifer”.

Para el recuerdo colectivo permanece la intervención de Country Joe McDonald, que hizo soñar y cantar a miles de personas al ritmo de su “I Feel Like I’m Fixin’ To Die Rag”, una de las proclamas en contra de la guerra del Vietnam más profundas del concierto y otra de las canciones insignia del festival. Country Joe Mac Donald tocó sin su banda, los Fish, pero los versos de este tema quedan marcados para siempre en la memoria del rock: And it’s one, two, three, What are we fighting for?, Don’t ask me, I don’t give a damn, Next stop is Vietnam; And it’s five, six, seven, Open up the pearly gates, Well there ain’t no time to wonder why, Whoopee! We’re all gonna die.

John B. Sebastian con “Rainbows All Over Your Blues”… y vestido con su peculiar camisa amarilla, todo un icono gráfico. Incluso se tomó su fotografía de espaldas para una portada. Arlo Guthrie, el hijo del influyente músico de folk Woody Guthrie y mentor de Bob Dylan, con joyas como «Coming Into Los Angeles», «Amazing Grace» y «Story about Moses and the Brownies». Tim Hardim con«If I Were a Carpenter», «Simple Song Of Freedom» y «Speak Like A Child». El folk psicodélico de la Incredible String Band se refleja en «When You Find Out Who You Are», «Sleepers Awaken» o «Invocation».

El músico indio Ravi Shankar, encandila con su música:Raga Puriya-Dhanashri/Gat In Sawarital», «Tabla Solo In Jhaptal”, «Raga Manj Kmahaj (AIap, Jor, Dhun In Kaharwa Tal)”

El Sábado 16 fue el día de la lluvia, que convirtió aquel inmenso prado en un lodazal gigantesco. Pero no fue impedimento alguno para los Quill, Santana, Canned Heat, Mountain, Grateful Dead, Keef Hartley Band, Country Joe And The Fish, John B. Sebastian, Creedence Clearwater Revival, Sly & The Family Stone (uno de los mejores grupos negros del momento), Janis Joplin con su Kozmic Blues Band, The Who y Jefferson Airplane. Muchos de ellos tocaron empapados por el agua.

Increíble Santana, con su magnífico latin-rock y sus espléndidos “Soul Sacrifice”, “Evil Ways” o “Jingo”. Por aquella época, Carlos Santana solo tenía publicado un disco y era prácticamente un desconocido. Pero la colosal actuación que llevo a cabo quedará escrita con letras de oro en la biblia del rock.

Janis Joplin, la diva del rock junto a sus Kozmic Blues Band en «Ball ‘n’ Chain», «Kozmic Blues» o “Piece of My Heart.”. Dio toda una muestra de poderío con su desgarradora voz.

Con la mejor alineación de su trayectoria y llegados desde Los Ángeles, se presentan los Canned Heat liderados por el “Oso” Hite a la voz, el genial Larry Taylor, uno de los mejores bajistas que ha dado el rock, acompañados por Alan Wilson y Harvey Mandel a las guitarras y Adolfo “Fito” De La Parra a la batería. Tocaron «A Change Is Gonna Come/Leaving This Town», «Going Up the Country», Let’s Work Together», «Woodstock Boogie» y “On the Road Again».

La Creedence Clearwater Revival de John Fogerty regaló un buen abanico de clásicos: «Green River», «Commotion», «Bad Moon Rising» «Proud Mary» «I Put a Spell on You» o . «Born on the Bayou» entre otros…y todo el mundo estaba durmiendo…

Los Sly & The Family Stone, hacen las delicias del público con su estilo funky-soul en «Love City», «Everyday People» o «Sing a Simple Song», I’m going to take you higher” y un gloriosoStand!”. Un sobresaliente, a los estadounidenses “Mountain” con Felix Pappalardi al frente y el virtuoso guitarrista Leslie West, con “Southbound Train” y la sensacional «Blood of the Sun”. Y desplegaron toda su imaginería: «Theme for an Imaginary Western», composición del ex cream Jack Bruce.

El infortunio cae sobre los Grateful Dead. Woodstock pudo haber sido otro punto álgido en su carrera, pero su puesta en escena fue cortada cuando los amplificadores del escenario se sobrecargan durante «Turn On Your Love Light», ya que la lluvia inundó el escenario y corrieron serio peligro de descargas eléctricas, alcanzando algunas a Jerry García y Bob Weir. Por este motivo, no aparecen en la filmación. Anteriormente, interpretaron «St. Stephen» «Mama Tried», «Dark Star» y «High Time».

A los británicos The Who, les sorprende el activista político Abbie Hoffman, que interrumpe la actuación del grupo para dar un discurso de protesta en contra del encarcelamiento de John Sinclair. Tocaron durante hora y media, enloqueciendo al público con sus clásicos: «I Can’t Explain», “Tommy Can You Hear Me?, “Pinball Wizard” o “My Generation” entre otros. Varios de ellos, procedentes de su ópera rock “Tommy”.

Originarios de California y uno de los máximos exponentes del “flower power”, los Jefferson Airplane aterrizan en Woodstock con “Somebody To Love», «Volunteers» o «White Rabbit», entre otros hits y un gran blues «Uncle Sam’s Blues».

El Domingo 17, tiene como protagonistas a Joe Cocker and The Grease Band, Country Joe & The Fish, Ten Years After, The Band, Blood, Sweat & Tears, Johnny Winter, Crossby, Stills, Nash And Young, Paul Butterfield Blues Band, Sha Na Na y Jimi Hendrix.

De antológica, se puede clasificar la interpretación de Joe Cocker con Feelin’ Allright”, “With A Little Help From My Friends” y “Let’s Get Stoned”. Joe Cocker fue la voz de Woodstock. Después de tocar, el cielo comenzó a rugir… y una tormenta eléctrica se cebó sobre Woodstock. Los rayos estuvieron a punto de alcanzar las estructuras metálicas que sostienen las luces y amplificadores y se suspende el concierto varias horas. Pero no hay nada que pueda parar al rock.

Los canadienses The Band tocan The Weight, todo un patrimonio cultural de la humanidad. El tejano Johnny Winter, acompañado de su hermano Edgar Winter en dos canciones, no dejaron indiferente a nadie con su “Mean Town Blues” y “Tobbaco Road”… ya había comenzado la leyenda del albino de oro.

Extraordinarios los Ten Years After, capitaneados por ese fenómeno de la naturaleza llamado Alvin Lee. No fue un domingo cualquiera, todavía hoy se recuerda su fantástica actuación con aquel soberbio “I’m Going Home”. En todo su esplendor se pudo ver a Crossby, Stills, Nash and Young con el emocionante “Marrakech Express”, «49 Bye-Byes», «Find the Cost of Freedom» o “Judy Blue Eyes». Neil Young se saltó el pase acústico y evitó ser grabado durante el eléctrico. La Paul Butterfield Blues Band, deja otra huella imborrable con su característico blues: «Everything’s Gonna Be Alright», «Driftin'» «Born under a Bad Sign» «Morning Sunrise» y «Love March».

En último lugar, le llega el turno del dios de la guitarra Jimi Hendrix, ataviado con una chaqueta de flecos y apoyado por su banda Gypsy Sun and Rainbows, que clausuran el festival deleitando con un magistral himno eléctrico” The Star Spangled Banner”, en señal de protesta al comportamiento bélico del gobierno de los EEUU.

Su legendaria actuación ante mucho menos público, se convierte en el auténtico símbolo de Woodstock. Al parecer, se dice que fue Jimi Hendrix quien solicitó tocar el último. Imperecederas fueron sus improvisaciones, su asombrosa música de otra dimensión, sus maravillosas distorsiones con la guitarra…»Woodstock Improvisation», «Villanova Junction», «Voodoo Child (Slight Return)», Stepping Stone», o «Purple Haze». A las 10:30 de la mañana del lunes 18, Jimi Hendrix toca “Hey Joe”, canción que clausuró el festival. Y con él, se fueron los tres días más transcendentales que vivió la historia musical contemporánea.

Así concluye la aventura musical más grandiosa que vio nacer el siglo XX. Un evento multitudinario que atrajo a medio millón de personas unidas por la música y su deseo de paz para el mundo. Encarnaron a la perfección un inmortal espíritu que después de cuarenta años todavía perdura. Las estrellas del rock, únicamente armados con guitarras y poesía, mostraron su rechazo a la guerra. Artistas legendarios que en aquellos días elevaron la música al infinito, haciendo que la humanidad se estremeciese. Una experiencia única que jamás se volverá a repetir y que marcó el principio y el fin de una época. Y por supuesto, el despertar de una nueva conciencia.

The Butterfield Blues Band – East West

Surgidos de esa capital mundial del blues que es Chicago, la Butterfield Blues Band destapó el tarro de la quinta esencia musical gracias a un revolucionario álbum al que llamaron “East West”, publicado en 1966. Considerado un disco de culto, todavía hoy sigue siendo objeto de infinidad de estudios y análisis, ya que causó un enorme impacto en la escena musical de la época y le indicó el camino a formaciones venideras.

Exploran hasta los confines más recónditos de un vasto territorio sónico, en ocasiones te invade la psicodelia y en otras realizan una explosiva fusión de diversos estilos, como el jazz, rock, blues o el rhythm and blues… e incluso una cierta influencia del “raga” indio. La Butterfield Blues Band es el mejor ejemplo de libertad musical, imaginería y visión…hacen lo que quieren, cuando quieren y como quieren.

Haremos referencia a la calidad de los integrantes de la Butterfield Blues Band, que alcanza el estatus de legendaria: Paul Butterfield  (voz y armónica), el héroe de la guitarra Mike Bloomfield, Elvin Bishop (guitarra), Mark Naftalin (piano), Jerome Arnold (bajo) y Billy Davenport a la batería. Mención especial merece la impecable sección rítmica. Todos ellos músicos con letras mayúsculas que ya eran famosos por haber tocado al lado de grandes del blues como Muddy Waters, Howlin ‘Wolf, Willie Dixon o T-Bone Walker.

Destacar la figura de Paul Butterfield, fundador y carismático líder de la banda. Un pionero que llevó el sonido de la armónica hacia otra dimensión, mucho más allá del estilo tradicional afro americano. Su peculiar forma de tocar este instrumento le abrió las puertas a una cantidad ingente de músicos blancos, que hasta la fecha se encontraban excluidos del blues. Un genial legado nos dejó aquel hombre blanco llamado Paul Butterfield. Su voz se apaga para siempre el 4 de mayo de 1987, víctima de una sobredosis de droga, pero permanece vivo en nuestro recuerdo y se sitúa perpetuo en el olimpo del blues.

“East West” fue grabado en los Chess Studios”, en aquel famoso número 2120 de la Avenida South Michigan con sede en Chicago. Segundo trabajo de su discografía, fue producido por Paul A. Rothchild y Mark Abramson (célebres por sus colaboraciones con los Doors) y publicado por el sello Elektra Records. Consta de nueve temas sin el más mínimo desperdicio.

Abre la cara A con una versión del clásico de Robert Johnson “Walkin’ Blues” y ya no te dejarán escapar… con «Get Out of My Life Woman» propiedad de Allen Toussaint. Continúan con un elitista “I Got a Mind to Give up Living”, para pasar a “All These Blues” en el que la armónica de Paul Butterfield parece cobrar vida y cierran con el aire jazz blues reflejado en “Work Song”, perteneciente al músico de jazz estadounidense Nathaniel Adderley.

En la cara B nos encontraremos con los toques psicodélicos de “Mary Mary” de Michael Nesmith, siguen con el «Two Trains Running» de Muddy Waters, el tradicional “»Never Say No»,  para finalizar con los trece minutos de duración del instrumental “East West”, que te envuelve con las poderosas guitarras de Bloomfield y Bishop.

La portada del álbum, en la que podemos visualizar a los componentes del grupo, se fotografió  en el Museo de Ciencia e Industria de Chicago.

Así concluye East West, cortesía de la Butterfield Blues Band, aquellos que nos hicieron viajar por el este, pero también hacia el oeste, y los mismos que nos llevaron en una travesía musical por los cuatro puntos cardinales. Traspasaron fronteras, derrumbaron todas las barreras posibles y escribieron una página majestuosa de la historia musical contemporánea.

Magic Sam Blues Band – West Side Soul – (Delmark 1967)

Samuel Maghett, más conocido por el sobrenombre de “Magic Sam”, debuta en el mundo discográfico con el álbum “West Side Blues”. Un auténtico clásico de blues eléctrico, al que situaron entre los diez mejores discos del género, según «Living Blues» un popular e histórico magazine especializado en este arte.

Magic Sam nace en 1937, en una granja en el centro del estado de Mississippi, a ocho millas del este de Grenada. En su infancia comienza a estudiar guitarra y se encuentra muy influenciado por la peculiar manera de tocar de Big Joe Williams y por músicos como Muddy Waters o Howlin Wolf.

En 1950 se traslada con su familia a Chicago, concretamente al West Side, un popular y humilde barrio ubicado al oeste de la Windy City. Magic Sam descubre la libertad que esta ciudad le aporta, da un cambio radical y aborda un nuevo estilo de blues, surgiendo en la misma generación, nombres como Junior Wells, Buddy Guy u Otis Rush, creando lo que más adelante denominan como estilo “West Side Blues”. Este nuevo estilo se caracteriza por tocar un blues propio de Chicago y de no trasplantar directamente el blues del sur, como ocurrió con sus antecesores Muddy Waters o Howlin´Wolf, si no que sería el propio blues con raíz en Chicago, el que se tocaría en los numerosos clubs de la ciudad y con la propia gente de la calle.

Magic actuó por infinidad de locales en Chicago, que en aquel tiempo se hallan inmersos en una nueva escena musical, incluyendo el sonido soul de Menphis y la influencia “góspel -pop-soul” de Detroit.  En 1967  graba esta gran obra de blues moderno, bajo la producción y supervisión del mítico Bob Koester, propietario del sello de jazz y blues Delmark Records.

La Magic Sam Blues Band estaba formada por Magic (voz y guitarra), Migthy Joe Young (guitarra), Stockholm Slim (piano), Ernest Johnson (bajo) y el excelente baterista de blues Odie Payne.Jr, todos ellos músicos jóvenes, pero con una dilatada experiencia en el circuito blues de Chicago.

El disco lo considero como una colección de verdaderos clásicos definidos por la voz aterciopelada de Magic Sam y un buen trabajo a la guitarra. Destacar el magnífico tándem con Migthy Joe Young, acompañados de una base rítmica envidiable. Nos encontramos temas universales como el tradicional “Sweet Home Chicago”  de Robert Johnson. Fue la primera vez que esta canción se graba de esta forma y se convierte rápidamente en un standard del blues.

También contiene composiciones propias como “That´S All I Need” marcadas por un claro estilo soul, la instrumental “Lookin´Good” o la legendaria “All Your Love”, uno de los cortes más destacados del blues referentes al amor. Otros más representativos, de claro estilo Chicago y fundamentales son “Dont´Want No Woman”, o “My Love Will Never Die”  propiedad de Dixon, un triste y duro lamento que Magic transmite de manera sobresaliente. “Mama Talk To Your Daugther” es otro eterno clásico que fue versionado hasta la saciedad.

“West  Side Soul” llega en un momento histórico y espiritual en la historia del blues. Reflejó un estilo moderno y fue la llave para el futuro del blues, casi como si de una plantilla se tratase, con un sonido que después de más de cuarenta años, permanece puro e intacto.

Magic Sam falleció  de un ataque al corazón a los 32 años, pero no se fue sin antes dejarnos una corta, pero intensa discografía que consta de dos álbumes en estudio:  “West Side Soul” y “Black Magic”, lo que significó un legado importantísimo para la historia del blues de Chicago y para el blues en general.

Steppenwolf – Steppenwolf

Como un potente disparo directo al corazón. Así se introduce en nuestras vidas la banda de rock canadiense Steppenwolf en 1968. Debutan en la escena musical con este álbum homónimo, grabado en los United Western Studio de Los Ángeles y publicado por el sello ABC Records. Lo produjo Gabriel Meker, un músico y compositor de origen israelí que alcanzó la fama trabajando para artistas de la talla de Janis Joplin o Etta James.

Los miembros iniciales que constituyen Steppenwolf y que moldean esta obra son: el fundador John Kay (voz y guitarra), Michael Monarch (guitarra), Goldie McJohn (teclados), Rushton Moreve (bajo) y Jerry Edmonton (batería). Con el paso de los años, sufren diversas variaciones en sus filas. En la actualidad y tras constantes separaciones y retornos, los Steppenwolf siguen ofreciendo conciertos, recordando canciones a las que el paso del tiempo parece no afectar.

Así se gesta este clásico del rock, al que valoro como patrimonio de la humanidad por su clásico tema central “Born To Be Wild”. Es considerado un himno del estilo motero por excelencia y se encuentra asociado habitualmente a la velocidad en carretera. Fue escrito por Dennis Edmonton, cuyo sobrenombre es Mars Bonfire, ex integrante de la banda  de blues “Sparrow” y que años más tarde dio lugar a Steppenwolf. Artista de gran visión musical, sienta las bases del hard rock con la letra de «Born To Be Wild», que contiene el verso «heavy metal thunder». En décadas futuras, se utiliza por primera vez el término «Heavy Metal» para definir a todo un género del rock.

“Born To Be Wild” es utilizado en multitud de bandas sonoras y películas, como el célebre film de 1969 dirigido por Dennis Hopper “Easy Rider” , una road movie que narra el viaje en motocicleta por los Estados Unidos de los jóvenes Wyatt (Peter Fonda) y Billy (Dennis Hopper). De manera inesperada Easy Rider y Born To Be Wild se convierten en el icono de toda una generación. En Easy Rider también se pueden escuchar temas de Hendrix o The Band entre otros.

El álbum incluye once pistas y  haciendo honor al hard rock, nos encontramos otros  cortes como “Sookie Sookie”, “Everybody’s Next One” y el homenaje a Chuck Berry con “Berry Rides Again”. Y llega nuestro querido blues, con una versión de  Willie Dixon “Hoochie Coochie Man”. Le sigue el inmortal “Born To Be Wild”, para poner punto y final a la cara 1 con el rítmico “Your Wall’s Too High”. La cara 2, abre con “Desperation” de John Kay, pasando por los riffs de “The Pusher” y “A Girl I Knew” canción de sensación melancólica. Un aire pop rodea a “Take What You Need”, para cerrar con el frenético ritmo guitarrero de “The Ostrich”.

Así concluye este disco histórico a cargo de los Steppenwolf, aquellos que se presentaron ante el mundo diciendo que habían nacido para ser salvajes. Unos lobos esteparios de ascendencia alemana, que toman su nombre de una novela del escritor suizo Herman Hesse. A mi juicio y por designios de la diosa fortuna, los Steppenwolf estuvieron en el momento exacto en el sitio correcto. Lo que si es innegable es que entraron más que merecidamente, a formar parte de la querida familia del rock.